Artículo aparecido en la revista Taller de Conciencia Nº 10 – Primavera de 1996

Henk Verhoog

La visión genética del hombre:

lo contrario de la libertad

"Dadme vuestras células y os diré quiénes sois o lo que seréis", decía el profesor H. Galjaard, genético holandés, en una emisión televisiva.

 ¿Se ha esclarecido por fin el misterio de la vida? ¿Encierra el material genético el porvenir del hombre?

 

En la medida en que no se dejen guiar solamente por motivos económicos, los investigadores tienen la sensación de encontrarse tras la pista de la creación, tras las raíces biológicas de nuestra existencia. Hay incluso investigadores que, al respecto, afirman estar en una especie de búsqueda del Grial. Las letras que componen el Libro de la Naturaleza ya no son, como ocurría en la Edad Media, los fenómenos naturales y sensibles creados por Dios, sino que actualmente este Libro se lee con palabras en clave: las del ADN, escondidas a la percepción tras un velo. El secreto de este código no tardará en ser violado gracias a los miles de millones de pesetas invertidos en el proyecto "Genoma Humano" destinado a esclarecer el mapa del material genético humano (el genoma).

Las afirmaciones del profesor Galjaard atañen directamente al problema de la libertad del ser humano. Si con mis células en una probeta se puede predecir aquello que llegaré a ser, ¿dónde queda entonces mi libertad? Y si, a propósito de un criminal, se afirmase que ha llegado a serlo debido a que posee un cromosoma suplementario, un cromosoma que el resto de las personas no posee, entonces tendría la sensación de que el criminal no es responsable de sus actos. Tratamos aquí de lo que se ha dado en llamar "determinismo genético", según el cual las cualidades físicas y psíquicas de los seres humanos están contenidas en sus genes. Estas cualidades tendrían por lo tanto un origen genético, existiría un programa genético que vendría a ser un esquema abstracto de todo el organismo.

A continuación intentaré explicar cómo ha nacido la creencia en este determinismo genético y qué relación guarda con la idea de la libertad humana. Ante todo debo aclarar que mi opinión al respecto es que, en el campo de las ciencias naturales, la forma de pensar que constituye la base de la técnica de la manipulación genética conduce a la negación de la libertad humana, mientras que esta libertad resulta precisamente indispensable para llevar a buen puerto la técnica fundamentada sobre dicho modo de pensar.

Ciencias naturales, poder y libertad

El método científico de investigación reposa sobre la suposición de que los procesos naturales no pueden describirse ni explicarse en términos que, de una u otra manera, apelen a la vida interior del hombre, es decir, a aquello que caracteriza el aspecto subjetivo del ser humano (sentimientos, intenciones, deseos, etc.). Para llegar a una descripción "objetiva" de los procesos naturales resulta necesario eliminar los elementos "subjetivos". Se divide así el mundo en dos partes: el mundo interior del sujeto y el mundo material exterior, éste último objeto de la investigación científica.

Cuando objetivamos la naturaleza, realizamos un movimiento hacia el exterior, creando un espacio entre nosotros y el mundo. Paralelamente, también realizamos un movimiento opuesto, dirigido hacia el interior. Percibimos que formamos nuestros propios pensamiento, que éstos no nos llegan ya desde un mundo espiritual. Esto conduce a una doble experiencia de la libertad. Experimentamos una gran sensación de libertad porque empezamos a sentirnos cada vez más separados de la naturaleza.

El método científico se ha revelado como el medio que, por excelencia, permite manipular la naturaleza a nuestra voluntad; con él podemos dominarla. ¿Qué significado adquiere esto en la práctica social?

En la sociedad, el poder no está repartido por igual. El poder de uno (la libertad para manipular) va a menudo de la mano de la impotencia (la falta de libertad) del otro. Es frecuente oír afirmar que la ciencia y la técnica son medios neutros que pueden ser utilizados tanto para el bien como para el mal. Esto sería verdad si pudiésemos separar ciencia y técnica de su entorno social. Como esto no resulta posible, debemos concluir que libertad y responsabilidad son de hecho las dos caras de una misma moneda.

Por lo tanto, la libertad así adquirida comporta necesariamente un aspecto moral. No es por casualidad que la necesidad de una nueva ética es cada vez más acuciante en todo lo concerniente a la biotecnología. Las ciencias naturales por sí mismas no saben cómo comportarse ante estas nuevas necesidades éticas. Para el pensamiento científico, la ética pertenece al dominio del sujeto: un dominio que, en sí mismo, no puede ser nunca objeto de la investigación científica. Así pues, aunque las ciencias generan toda clase de desarrollo, que acarrea (o puede acarrear) graves consecuencias morales para la naturaleza y el hombre, no pueden sin embargo, por ellas mismas, contribuir en modo alguno a resolver los dilemas morales de los que son responsables. Esta circunstancia se pone de manifiesto sobre todo cuando el objeto de las investigaciones científicas es el hombre mismo.

El hombre como objeto

Cuando miramos a nuestro alrededor más allá del reino mineral, vegetal y animal, descubrimos a los seres humanos. ¿Qué ocurre cuando objetivamos al hombre como lo hacemos con el resto de la naturaleza, tal y como lo indican las ciencias naturales? Ocurre entonces algo muy particular: a partir de entonces ya no podemos considerar al prójimo como un sujeto. Solamente puede ser objeto de investigación aquello que es observable y explicable en el sentido científico habitual, no siendo éste el caso de la conciencia humana salvo para su comportamiento observable y aquellos aspectos denominados "biológicos". Sin embargo, como al mismo tiempo resulta imposible para el investigador negarse a sí mismo como sujeto, no le queda más que un camino para explicar ese fenómeno extraordinario que es el sujeto humano. La conciencia, en todos sus aspectos, debe reconducirse entonces hacia factores biológicos: constitución del sistema nervioso, cerebro, hormonas, genes, etc. Pero, si se reduce todo lo concerniente al hombre a causas exteriores, entonces no queda cabida para la libertad y la responsabilidad humana.

De esta manera he vuelto nuevamente al punto de partida de mi explicación. He descrito en primer lugar al sujeto humano actuando libremente frente a la naturaleza objetiva gobernada por leyes naturales. He hablado de la libertad humana frente al determinismo de la naturaleza. Finalmente, he completado mi razonamiento mostrando la negación de esa misma libertad humana desde el momento en que el hombre se convierte también en objeto de estudio científico. El ser humano queda entonces dividido en dos partes: una parte biológica y una parte personal; sin embargo, la parte personal pierde su valor cuando se la considera el resultado de toda clase de procesos biológicos ("determinismo biológico"). Esta es la visión del hombre sobre la que se fundamenta el proyecto "Genoma Humano" que hemos citado antes.

Determinismo genético

Vemos así cómo el pensamiento científico conduce finalmente a la división del ser humano en dos partes: una vida biológica y una vida personal. Hemos llegado a considerarnos a nosotros mismo como personas que, gracias a la ciencia, han obtenido los medios para dominar la naturaleza (biológica), para manipular las fuerzas "ciegas" de la evolución. Por esta razón, un feto humano, por ejemplo, ya no es considerado como una persona, sino solamente como vida biológica sin valor intrínseco. Al mismo tiempo, cualquiera cuyo cerebro no presente actividad es declarado muerto a pesar de que su cuerpo presente todavía diversos signos de vida biológica. La ética y la política occidentales otorgan aún una posición central al individuo. Mientras la persona sea libre para decidir lo que debe acontecer con su vida biológica, se estima que no se produce ningún problema. Nadie, por ejemplo, puede ser forzado a sufrir una operación quirúrgica del tipo que sea. No puede actuarse sobre la vida biológica de una personas salvo que ésta, con plena libertad, haya dado su conformidad después de haber sido ampliamente informada de las posibles consecuencias de la intervención. Todo esto nos parece perfecto hasta el momento en que nos damos cuenta de las consecuencias que entraña, como hemos comentado antes, la aplicación del pensamiento científico sobre el ser humano.

En primer lugar, tengamos en cuenta que la persona que manipula las técnicas y que por lo tanto posee el poder de intervenir sobre la vida biológica, es normalmente alguien distinto a quien ha dado su conformidad; y más aún, vivimos en un mundo donde el pensamiento científico posee un gran prestigio, y ya hemos visto de qué forma su aplicación sobre el ser humano puede desembocar en la negación de la libertad. Mientras la libertad no repose sobre bases sólidas, permanecerá suspendida por un débil hilo. Por otra parte, las otras concepciones del hombre, aquellas que podrían aportar fundamento a la libertad, son calificadas con el despectivo término de "no científicas". La hegemonía del pensamiento científico ha entrañado, desde este punto de vista, una gran falta de libertad en nuestra vida cultural, sobre todo cuando en la toma de decisiones concernientes a la vida social no se tienen en cuenta de modo alguno otras formas de considerar los problemas.

¿Neutralidad de la concepción de la vida?

En privado, cada uno puede creer lo que quiera, pero la sociedad boga en el barco de la pretendida "neutralidad" que la ciencia mantiene frente a la vida. Si en un hospital solicito consejo genético, no obtengo más que la parte de información correspondiente a la visión científica del hombre. Desde hace tiempo no se plantea ya la cuestión de la libertad, de la verdadera libertad que hace falta para poder juzgar interiormente de manera equilibrada y, a continuación, tomar una decisión. En una cultura de este tipo, el individuo continuamente sufrirá presiones destinadas a adaptarle a las nuevas técnicas. De hecho, no existe otro camino que el de someterse a las opciones impuestas por el pensamiento científico, como por ejemplo, abortar cuando el feto presente alguna anomalía, ya que el pensamiento científico no reconoce al feto como una persona. Esta forma de pensar se ha convertido en una concepción del mundo que no concede ningún derecho a otras corrientes de pensamiento diferentes.

Si empezamos a pensar que nuestro destino está efectivamente determinado por nuestro genoma, acabaremos por acomodar nuestros actos a esta visión de las cosas y permitiremos que nuestro destino quede determinado por el conocimiento del genoma. El hombre se convierte entonces en lo que él cree que es. Toda visión del hombre encierra en sí misma su propio destino. Tenemos un gran interés en que se cree un verdadero espacio para la libertad en todo lo concerniente a nuestra vida cultural, pero debemos hacer extensivo este interés al interior de nuestras universidades, para que al lado de la visión científica y genética del hombre encuentren un lugar aquellas concepciones diferentes del ser humano: la concepción espiritual del hombre.

El impulso de libertad aportado por el desarrollo del pensamiento científico corre el riesgo de quedar aniquilado cuando se aplica directamente sobre el ser humano. El ser humano no puede encontrar la libertad más que en su interior; y la fuente donde mana la libertad puede secarse si no dirigimos hacia dentro la observación y el pensamiento, formados en la escuela de las ciencias, y simplemente continuamos utilizando estas técnicas para incrementar nuestro dominio sobre la naturaleza, incluida la naturaleza humana.

* Henk Verhoog es profesor de la Universidad de Leyde (Holanda). Es miembro de la Comisión Ética y Sociedad. Este artículo fue publicado originariamente en la revista antroposófica holandesa JONAS el 13 de marzo de 1993, págs. 30 a 33. Traducción al francés por Florence y Peter van der Heijde y publicado en la revista L'Esprit du Temps nº 16, invierno de 1995, págs. 67 a 71.

Traducción al castellano de Fernando Bohorquez.

 

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