Los gritos de guerra enmascaran el rol de los EEUU en el terrorismo global

 por Nicanor Perlas,

Septiembre 19, 2001

Sin aviso, los terroristas golpearon a los símbolos del poder económico y político de los EE.UU.: el Centro Mundial de Comercio y el Pentágono. Las autoridades americanas estiman en alrededor de 5000 el número de muertos. Junto a todo el mundo, lamentamos la pérdida de vidas humanas y condenamos los actos de terrorismo. Las imágenes de las personas saltando al vacío desde los pisos más altos del Centro Mundial de Comercio y otros cuadros dramáticos de muerte violenta aún persisten en nuestro ánimo.

Sin embargo, más allá de nuestra congoja, también estamos siendo involucrados. Los EE.UU., en las palabras de Presidente Bush, están movilizándose para la “primera guerra del  siglo XXI.” Y la mayoría de los jefes de Estado están a favor. Sí, debe hacerse justicia. Sí, deben ser detenidos los terroristas responsables. Pero hay un sentido creciente de que esto no signifique llevar al mundo a una guerra que lo  haga  rehén de un círculo vicioso de violencia creciente.

La historia nos enseña. La violencia engendra violencia lo que potencia más violencia. ¿En el caso presente, cómo contendrán los  EE.UU. los golpes vengadores de las víctimas de su “primera guerra  del siglo 21?” La “guerra de las galaxias” el sistema de la defensa propuesto por Bush, sería totalmente inútil contra armas de guerra biológicas creadas a través de la ingeniería genética y dirigidas a objetivos americanos seleccionados. ¿Qué hacer ante ataques sofisticados a plantas de energía nuclear? ¿O ante químicos que envenenen las redes de agua? ¿O ante el envenenamiento de la cadena alimenticia? Los bombardeos terroristas encarnan el mal en el mundo. Una política de “arrasar la tierra” como represalia solo acelerará la encarnación de un mal mayor.

Bush anunció que no hará distinción entre los terroristas y los países que los albergan. Pero uno puede preguntar. ¿Tomaron los niños y los ciudadanos de estos países realmente la decisión de albergar a los terroristas? Un afgano, Tamin Ansary, capta la frivolidad y destructividad de esta ceguera de visión, que propone la  contención del terrorismo a través de la ira:

"¿Hacer sufrir a los afganos? Ellos ya están sufriendo. ¿Destruir sus casas? Ya están destruidas. ¿Convertir sus escuelas en montones de escombros? ¿Destruir su infraestructura? ¿Eliminar su medicina y cuidado de salud? Demasiado tarde. Alguien ya hizo todo esto. . . . ¿Conseguirían por lo menos lo que ya han hecho los Talibán? No probablemente. En el Afganistán de hoy, sólo los Talibán comen, sólo ellos tienen los medios para movilizarse. Ellos solo se movilizan y se esconden. Quizá las bombas consigan dejar algunos huérfanos e inválidos. Ellos no se mueven demasiado rápido, ellos no tienen ni siquiera sillas de ruedas. Pero volar encima de Kabúl y dejar caer bombas realmente no serían un golpe contra los delincuentes que hicieron esta cosa horrenda. Realmente estarían haciendo sólo causa común con el Talibán—martirizando, una vez más, a las personas que ellos han estado martirizando todo este tiempo”

 

 Chris Buckley, Funcionario del Programa de Ayuda Cristiana para Afganistán, tiene un sentimiento similar:

"En el Afganistán real un 85 por ciento de la población siembran sus propios vegetales para poder subsistir. La mayoría de los afganos no tienen periódicos, televisión o radios. Seguramente ni habrán oído hablar del Centro Mundial de Comercio o el Pentágono, y la mayoría no tendrá ninguna idea que un grupo de terroristas ha atacado estos iconos de la civilización occidental. No existe siquiera servicio postal”.

“Hoy, en estos pueblos aislados, las familias están en sus últimas semanas de reserva de comida y  las mujeres, los hombres y los niños en los campamentos de refugiados están muriendo de cólera y desnutrición. Yo he hablado con los huérfanos de barrigas hinchadas. He hablado con hombres que no tienen forma de escapar de la sequía y llegar a los campamentos de refugiados. He hablado con familias que dicen esperarán en sus pueblos la llegada de  la muerte”.

La información periodística unilateral tampoco ayuda a la situación. Privilegia medio-verdades, que  alienta acciones basadas en la ilusión. EE.UU. quiere liderar la guerra global contra el terrorismo. Pero ¿está  moralmente calificado para ello?

Las políticas americanas han engendrado grupos terroristas, lo que ha redundado en terrorismo “de facto” contra centenares de miles de vidas inocentes. La CIA entrenó a Osama Bin Laden y a grupos terroristas para servir a sus intereses en la guerra afgana contra la URSS. En el proceso, el ejército americano resucitó la “Jihad”  o “la guerra santa”, un concepto que se había usado por última vez en el siglo X. Si usted oye “Jihad” en la guerra del Mindanao, le tiene que agradecer a los militares americanos el haber proporcionado una base moral para los secuestros terroristas.

Para herir a Osama Bin Laden, después de volverse contra los intereses de los EE.UU., el ejército americano bombardeó las ”fábricas de armas químicas” en Sudán, destruyendo la mitad de la industria farmacéutica del país. Decenas de miles del pobres de Sudán murieron por la falta de medicinas. Los  EE.UU. bloquean una investigación de la ONU sobre su acto de terrorismo contra los Sudaneses. Raramente conseguimos saber de estos actos terroristas cometidos por los EE.UU. y mucho menos tenemos la posibilidad de lamentar la muerte de miles inocentes sudaneses. ¿Sólo está  nuestro dolor reservado para  personas de un color específico y determinadas características? 

EE.UU. enfatiza la relación íntima entre el Talibán y Osama Bin Laden. Los Talibán son el producto de esos guerreros santos alabados, y apoyados, por los EEUU y por el Reino Unido por haber detenido  alguna vez a la URSS. Existe además otra rara conexión del Talibán con políticas secretas, militares y económicas, de los EE.UU. El gobierno militar del general Musharaf, auto-declarado presidente de Pakistán, protege al Talibán. Pero el ejército de Pakistán está siendo beneficiado desde hace largo tiempo de la asistencia técnica y financiera del Pentágono y del Departamento de Estado - los mismos entes que ahora están promoviendo una guerra global contra el terrorismo.

Las medio-verdades también enturbian las emociones. La información distorsionada y la falta de objetividad promueve la  división y el odio contra musulmanes inocentes y todos aquellos que tienen una apariencia “árabe”. En EE.UU. fueron apuñalados taxistas paquistaníes. Dueños de una fiambrería de origen árabe fueron obligados a cerrar su tienda. Se está disparando contra mezquitas y manchando sus frentes con sangre. Esto último es irónico dado que la CIA usó a menudo mezquitas para el reclutamiento de luchadores musulmanes durante su guerra clandestina contra los rusos en Afganistán.

Los reportes periodísticos superficiales también están animando una estrecha y materialista respuesta a la tragedia. Un trauma, sobre todo uno nacional, requiere un manejo sensible. Debe haber un proceso de análisis sobrio y profundo que vaya a la raíz de la causa del terrorismo global para poder desarrollar una respuesta apropiada. Sin justificar el ataque terrorista a los EE.UU., podemos formularnos ciertas preguntas.

¿Están cosechando los EE.UU. las políticas terroristas que han sembrado? ¿Por qué existe un odio tan intenso por los EE.UU.? ¿Se dará cuenta el ciudadano americano ordinario de los impactos globales que las políticas gubernamentales americanas están teniendo, políticas que son implementadas por  unos pocos que detentan el poder? ¿Están las políticas económicas unilaterales de los EEUU, las que  privilegian la competencia y el lucro por sobre un desarrollo humano equitativo, produciendo pobreza masiva y “de hecho” políticas terroristas?

Si la histeria presente por la venganza sangrienta continúa y los medios de comunicación continúan avivando las llamas de odio, entonces sólo podremos esperar que más mal, violencia y devastación sean sembrados en el mundo.

En el nivel individual, la humanidad  ha sido obligada a cruzar un umbral. El sentido de seguridad ha desaparecido. Mis amigos americanos me comentan que ya no se sienten seguros. Ellos ahora se unen a otros que saben que la seguridad física es una ilusión en el mundo de hoy.

Esta situación nos obliga a todos a re-evaluar en donde está nuestro corazón. ¿Ponemos toda nuestra confianza en la seguridad física? ¿O debemos aprender a vivir en esta falta de seguridad y con un sentimiento de “sin techo”, de desposeído, para que despierte nuestro espíritu y  que llene el vacío que no pudo hasta ahora ser llenado por ninguna seguridad material? ¿Y qué políticas mundiales surgirán si aprendemos a ver la tragedia presente desde la perspectiva de la no violencia activa?

Hay un punto luminoso en el triste estado de los acontecimientos. Las organizaciones de la sociedad civil global incluidas aquéllas en los EE.UU. están empezando a dar una visión diferente, más equilibrada. Como fuerza cultural independiente en sus sociedades, ellos están empezando a oponerse a la visión unilateral en lo político y económico y están proponiendo un análisis y acciones alternativos sobre la tragedia americana. Ellos también están trayendo a discusión la cualidad de alma necesaria para confrontar el trauma.

El ataque terrorista en el EE.UU. es trágico y es necesaria una respuesta moderada. Pero una persecución irracional y “justiciera” de la guerra, incluyendo una intrusión en la privacidad y el posible renacimiento del estado totalitario, sería aun más trágico. Arrastraría a la humanidad, incluyendo a los  líderes gubernamentales que ciegamente siguen la política de guerra americana, en el abismo.}

 

Traducción: Horacio Boraso

 

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