El "signo de alerta" clama por un pensar
acorde a la realidad
Artículo
publicado en el semanario "Das Goetheanum" N° 42 del 14. 10. 2001
Erhard Fucke
Desde el 11 de septiembre de 2001, el miedo cunde en vastas partes de
la población mundial. Como se sabe, el miedo desestabiliza la personalidad,
cuya fuerza productiva se va reduciendo y a veces hasta llega a anularse. La
persona con miedo es inestable, busca una orientación y se halla abierta a
influencias de toda índole. Sus reacciones fácilmente se vuelven emocionales y
con ello el miedo se convierte en odio. Surgen imágenes indiferenciadas del
'enemigo'.
Dudosas cruzadas del poder
El presidente norteamericano, hace poco censurado por su escaso
compromiso con la política del Cercano Oriente, recibe ahora elogios unánimes
por su ofensiva contra el terrorismo, también –o quizás justamente a causa de
ello– por reducir los sucesos mundiales tan complejos a pensamientos simples:
quien no se une con los Estados Unidos contra los terroristas, deberá contar
con las mismas represalias que los terroristas mismos. Se convoca a una cruzada
del "Bien" contra el "Mal".
¿Qué aspecto tiene el "Bien"? Si los norteamericanos llegan a
atacar a Afganistán – algo muy probable -, las armas serían dirigidas contra
aquéllas que los mismos Estados Unidos enviaron a los talibanes. Pues los
talibanes, tan terriblemente insultados actualmente, fueron "aliados"
muy solicitados cuando se trataba de arruinar la potencia rusa. Sin envíos
secretos de armas provenientes de los Estados Unidos, los afganos difícilmente
hubieran logrado desmoronar a Rusia a tal punto que este país se retirara de
Afganistán. En ese momento cesó la ayuda a los talibanes.
Antes del 11 de septiembre, el vecino Pakistán era considerado por
Norteamérica como uno de los "países canalla", de los cuales los
Estados Unidos quisieron defenderse a través de un costoso sistema de
antimisiles, pues Pakistán había logrado integrar por sus propios medios el
grupo de las potencias atómicas. Después del 11 de septiembre cambió
exteriormente aquella opinión referente a Pakistán. Se le preguntó si podría
aportar ayuda para la lucha de Norteamérica contra los talibanes (por ejemplo,
abriendo su espacio aéreo para aviones estadounidenses). Fueron dejadas sin
efecto las sanciones económicas, hasta ese momento vigentes, que habían llevado
a Pakistán al borde de la ruina. Además, se pusieron a disposición fondos para
el problema de los refugiados procedentes de Afganistán.
Estos dos ejemplos ya señalan que juicios simples tales como
"bueno" y "malo" no alcanzan para juzgar los hechos, y que
las acciones concretas de los Estados Unidos no concuerdan con la retórica de
los comunicados oficiales. La ayuda para los talibanes surgió de un pensar
imperialista que fríamente pensó en las propias ventajas. ¿Es éste el aspecto
del "Bien"? El Pakistán fue difamado como "estado canalla"
porque estaba en condiciones de emplear una estrategia que Norteamérica había
protagonizado en Hiroshima y Nagasaki. Preguntamos entonces: ¿esto también
ocurrió por encargo del "Bien" contra el "Mal"?
¿Dónde comienza la "inhumanidad"?
La ensayista americana Susan Sontag es una de las pocas voces que se
alzan contra la simplificación del actual juicio político. Ella dice:
"Parece que las voces a las que compete comentar semejante
suceso (como el del 11 de septiembre) se unieron en una campaña. Su objetivo:
el de atontar aún más la opinión pública. ¿Dónde encontramos el reconocimiento
de que no se ha tratado de una ataque "cobarde" a la
"civilización", a la "libertad", a la "humanidad"
o al "mundo libre", sino de un ataque a los Estados Unidos, a la
única autotitulada superpotencia del mundo; de un ataque que fue efectuado como
consecuencia de la política, de los intereses y de los actos de los Estados
Unidos?"
Vemos pues que Susan Sontag considera el terrible golpe contra el World
Trade Center como consecuencia de una política norteamericana obviamente
errónea. Nada de eso pudo ser oído en los discursos de los políticos, pero sí
hablaron de la inhumanidad del enemigo. Susan Sontag no protesta contra la
opinión de que el ataque fue inhumano. Precisamente esa inhumanidad fríamente
calculada provocó el shock que seguimos experimentando en nuestro interior.
Pero ella pregunta si a este ataque no le han precedido otros actos inhumanos y
si la ignorancia con la que los errores propios son pasados por alto no tiene
por objeto el atontamiento. Ella aboga por una confrontación de todos los
ciudadanos con la realidad inalterada y
por un análisis de los fenómenos libre de prejuicios; es decir que aboga por el
derecho del ciudadano mayor de edad de recibir información completa y de tener
una opinión propia en una democracia que merezca esa denominación.
"Antes habíamos despreciado las vanidosas trivialidades,
unánimemente aplaudidas, de las jornadas partidarias soviéticas. La retórica
mojigata, tergiversando al unísono la realidad, que en estos días escuchamos de
casi todos los políticos y comentaristas en los medios, es indigna de una
democracia."
¿Quién podrá ser convencido por opiniones como ésta, en quién harán
surgir el anhelo por cultivar en tiempos de desinformación un juicio crítico,
comprometido con la clarificación? A ese respecto es muy amplio el campo que
debería ser labrado.
Contra los juicios globales por medio de la
información esclarecida
En estos días se oye decir que después del 11 de septiembre ya nada
podrá ser como antes. Los más viejos entre nosotros recuerdan que ya una vez
oyeron esas palabras degenerar hacia una frase hueca. El que después del
holocausto analiza la historia bajo el punto de vista de la inhumanidad
sucedida, necesariamente llegará a la conclusión de que el holocausto no
significó la culminación y el final de la inhumanidad sino un comienzo. El holocausto, al ser públicamente conocido,
provocó el mayor interés y vastísima expresión de sentimiento. Pero las
barbaridades que más adelante se produjeron, en el mejor de los casos fueron
mencionadas al margen y nada se hizo contra las innumerables violaciones de los
derechos humanos. Sólo se intervino en aquello casos en que estaban en juego
los propios intereses, como por ejemplo en la Guerra del Golfo. Allí se entraba
en acción; las demás matanzas fueron declaradas como asuntos internos de los
países afectados.
¿Cómo será posible abordar a los terroristas con los medios convencionales
que fueron desarrollados para formas de guerras totalmente distintas? ¿No se
producirán necesariamente ataques militares, en los que nuevamente morirá gente
inocente? Cuando se produzcan, ¿podrán ser justificados esos hechos en nombre
de lo humanitario? ¡Cuántos malentendidos son provocados por la fórmula: "Todos aquellos que
no se adhieren a la cruzada contra el terrorismo deberán contar con iguales
represalias que los terroristas mismos"! Que Bush no sabía qué
recuerdos y sentimientos habría de provocar la palabra "cruzada" en
el mundo islámico, es aún el mal menor. Mucho peor es el hecho de que, con los
juicios generalizados que se usan, se da entrada a la mentira - más
concretamente, a las verdades parciales y a medias, que son, por ser las más
seductoras, las más nefastas formas de la mentira.
La angustia que se apoderó de los hombres a causa de ese infierno los
ha vuelto emocionalmente inestables. Además los confunde la mentira; crece la
ceguera y rápidamente da nacimiento al odio. A través de la "guerra
santa", el odio ha adquirido un carácter religioso. También la consigna de
la "justicia infinita" y la ya mencionada palabra "cruzada"
despiertan sentimientos religiosos. Sería necesario justamente lo contrario:
esclarecimiento en base a la lógica de los hechos.
Llamó la atención el discurso del presidente ruso Wladimir Putin el 25
de septiembre ante el Parlamento alemán. Putin planteó la pregunta acerca de
quién tenía la culpa de la catástrofe producida. Su sorprendente respuesta fue "todos
nosotros", con lo que se refería a la universal casta de los
políticos. Más sorprendente aún fue su opinión sobre la causa del fracaso de
estos políticos: porque siguen aferrándose a conceptos viejos que ya no
corresponden a la realidad, pues el mundo ha evolucionado y ya no puede ser
concebido con esos conceptos viejos que mantienen la desconfianza. ¿Será
tomado en serio tal análisis?
Todos nosotros, empero, podemos tener el valor de elaborar conceptos
nuevos e inusuales sobre la base de los hechos.