La tragedia del
desempleo
Christopher Houghton Budd
Conferencia pronunciada en Niza, Francia el 12 de Octubre de 1996
E1 propósito de este artículo es examinar el fenómeno del desempleo y preguntamos hasta qué punto es inevitable. Considero que su persistencia e intransigencia son parte de nuestro paradigma económico y no simples realidades evitables. Si queremos seguir adelante con la falsedad del comercio libre, la mitología de los libres mercados y los cuestionables beneficios del capital liberalizado, estamos apostando por el desempleo. La razón es que bajo el capitalismo el trabajo es considerado una mercancía y por lo tanto un coste, y los costes deben reducirse al mínimo. El trabajo es un momento del capital, para usar la elocuente frase de Marx, de modo que los beneficios del capital son mas importantes que los salarios, al mismo tiempo que el trabajo abstracto, bajo la forma de tecnología, es una poderosa alternativa al trabajo real, Bajo el capitalismo hay siempre un ejército de trabajadores en la reserva, una oferta excesiva que sirve para mantener los costes de trabajo muy bajos. Desde un punto de vista económico, el capital sin restricciones desplaza al trabajo, mientras que los mecanismos de libre mercado mantienen los salarios bajos.
Políticamente, puede que tenga sentido la búsqueda del pleno empleo (originada en la Segunda Guerra Mundial), pero económicamente el pleno empleo no es una posibilidad técnica bajo el sistema capitalista. Esta visión no se contradice con el hecho de que en algunos momentos, desde 1945, haya habido en Occidente un bajo nivel (aunque nunca nulo) de desempleo. En la segunda mitad del siglo XX las imágenes económicas son reales sólo si se ven en términos mundiales, y en esta perspectiva, la prosperidad occidental entre 1950 y 1973 se disfrutó a expensas del Tercer Mundo. La dominación económica de Occidente, que ha hecho esto posible, disminuyó con cada independencia nacional, lo que produjo que Occidente necesitara más compartir, que dominar la economía global.
El Orden Social Triarticulado y la Vida Económica Autónoma
La verdadera tragedia del desempleo no es, por tanto, una cuestión de efectos sociales adversos. Claramente, las condiciones de los desempleados causan preocupación y compasión, pero la mayor tragedia es que el desempleo es obra del hombre. No es un acto divino o el resultado de las fuerzas de la naturaleza, sino el resultado de una elección de paradigma. La elección hoy día se encuentra entre el capitalismo liberalizado y la dirección autónoma de la vida económica en un contexto de triarticulación de la sociedad. Esta idea fue desarrollada por Rudolf Steiner en el transcurso de la Primera Guerra Mundial, cuando ya era evidente la necesidad de un nuevo paradigma social y apareció el falso dilema entre capitalismo y comunismo.
Para los que no conozcan los conceptos de Steiner, haré una breve exposición. Los formuló a lo largo de los treinta años previos al final de la Guerra, como respuesta al intento de persistir con las viejas ideas y estructuras. Esto tuvo lugar en un momento en el que el mundo se confrontaba con una situación muy nueva, que requería un enfoque muy nuevo igualmente. La nueva situación era una vida económica globalizada, el mundo como una sola economía.
La economía global conlleva una colaboración entre naciones, no la búsqueda de la hegemonía occidental o la creciente rivalidad entre las economías estatales nacionales que Woodrow Wilson advocaba. Esto también conlleva la gestión autónoma de la vida económica, es decir, la gestión en función de la naturaleza y objetivos de la economía misma. Esto no significa someter la economía a los dictados de la industria o de intereses puramente privados, de hecho, éste es el enfoque del libre mercado, ni tampoco significa la sumisión de la economía a las directivas estatales, que es lo que mucha gente ve como única alternativa de aquél. La gestión autónoma de la economía se encuentra entre las dos. Lleva a los que están activos en la economía a buscar objetivos económicos, pero al servicio de la humanidad en su conjunto, compartiendo los recursos y no con procedimientos que prediquen sólo el individualismo. Una vida económica autónoma presupone que la sociedad comprende tres esferas - la vida cultural, la jurídica y la económica - cada una dirigida autónomamente, aunque interrelacionadas por la dinámica de la autogestión. La autonomía no significa que se actúe ignorando o despreciando a las otras esferas. Significa actuar consultando y teniendo en mente a las demás. Autónomo no quiere decir separado, sino coherente, cooperante.
No podemos presentar aquí la concepción social de Steiner con mucho detalle. Bastará con decir que, para él, todo lo que la gente pretende conseguir en términos de democracia y normalización económica, surgiría espontáneamente, de dentro a fuera, si la vida económica fuese gestionada autónomamente en un contexto de responsabilidad social clara y efectiva. Para dar algunas claves de lo que Steiner tenía en mente, entre otros importantes rasgos, la vida económica autónoma implicaría directamente a los consumidores, trataría de satisfacer sus necesidades reales y no elucubraría con ingresos financieros abstractos por encima de las posibilidades de la economía real, tal como lo hace el sistema financiero moderno basado en el endeudamiento. Si uno se pone a construir una vida económica que incluya cuestiones como la participación directa del consumidor, la satisfacción de las necesidades reales y que asegure que los ingresos financieros son económicamente factibles, estaríamos en situación de sentir y descubrir lo que Rudolf Steiner pensaba. Con mucho la mejor guía para semejante paradigma, la mejor 'teoría" para explicarlo, resulta de ponerse a hacer lo que uno cree que hay que hacer. De ahí, y esto es muy importante, podemos superar el más poderoso obstáculo de nuestros tiempo, el estancamiento del individuo, el sentimiento o certeza de que no se puede hacer nada.
Rudolf Steiner sobre el desempleo
Para centrarnos un poco, déjenme que les ofrezca una sinopsis de la visión de Steiner sobre el desempleo, basada sobre todo en sus propias palabras, publicadas por primera vez en Das Goetheanum en 1921:
"El problema del desempleo proviene del hecho de que, mientras que las necesidades históricas dieron lugar a la formación de una economía global, se han introducido instituciones en este desarrollo que obedecen a motivaciones políticas que van en contra de las necesidades económicas. El desarrollo de la economía mundial provocó la creación de cuerpos administrativos -asociaciones- que sólo actuaban en función de las condiciones de la economía en sí misma, es decir, en función de los procesos de producción, distribución y consumo de bienes. Sólo las asociaciones pueden relacionar estos tres aspectos de la economía para evitar distorsiones en la producción que llevan a no satisfacer las necesidades de muchos seres humanos.
El desempleo sería mas bien el resultado de una administración insana de la economía. No se puede superar con cualquier fórmula teórica. Pero no surgiría si la producción se basara en las necesidades reales y si la economía fuera administrada en función de su propia naturaleza.
¿Desempleo? ¿Gente que no puede encontrar trabajo? Debe haber trabajo, porque los seres humanos están ahí y en un organismo social sano no puede ser superfluo el trabajo de esa gente. El trabajo debe hacerse. Cuanto mas desempleo haya, mas escasez de bienes: esto se ve claramente en el hecho de que el desempleo no puede solucionarse mas que por la creación de instituciones económicas independientes de la política y la cultura, salvo cuando respeten la naturaleza humana de la vida económica, sean libres de expresar esa naturaleza y se puedan gestionar en función de ella."
Hay que explicar que Rudolf Steiner decía estas palabras al final de la Primera Guerra Mundial y que la historia ha seguido adelante desde entonces. Esto, sin embargo, no es tan radical, ya que la historia, más que avanzar, se ha disfrazado. El problema real del desempleo ha cambiado muy poco desde los tiempos de Steiner. El capitalismo ha sido capaz en algún caso de ofrecer el pleno empleo, pero esas ocasiones estaban basadas en situaciones coloniales que ignoraban las condiciones globales de la vida económica. Esta economía global ya no puede seguir siendo ignorada, y es un testimonio de la creciente evidencia de lo ficticio de las economías estatales nacionales. Sin embargo, esta evidencia se desarrolla en un escenario de libre mercado, en cuyos términos el capitalismo requiere cada vez menos mano de obra. Esto, combinado con los mercados laborales más baratos de los países "en vías de desarrollo", ha supuesto que el desempleo se haya consolidado en Occidente, así como en el resto del mundo. Tenía que ser así. La combinación de un capital liberalizado que va a lo suyo, con un avance exponencial de la tecnología reducen gradualmente la necesidad de empleo en su concepción tradicional.
Toda esa idea pertenece al lenguaje del capitalismo, el mundo industrial, que se está convirtiendo en un fenómeno mucho menor de lo que era en el siglo pasado y a comienzos de éste. Si no revisamos nuestra elección de modelo, nos enfrentamos con un triste futuro, La situación actual no puede seguir así, a menos que se refuerce de alguna manera. La cuestión es sí la superamos por una gestión consciente de la economía o como resultado de catástrofes. De cualquier modo, si se le deja campar a sus anchas, la menguante demanda de empleo por parte del capital se hará socialmente insoportable. También lo será financieramente, ya que el desempleo representa una carga creciente para el estado en un momento en el que el propio estado tiene una base económica cada vez menor.
Necesitamos, por lo tanto, replantear la cuestión del desempleo. Pero esto implica volver al problema básico: ¿Debe el trabajo estar supeditado al capital? ¿No pueden encontrar, el trabajo y el capital, una relación mas humana, de modo que uno no crezca a expensas del otro? En otras palabras, para superar el desempleo hay que cambiar de modelo, o al menos pasar por una metamorfosis profunda de la mentalidad del libre mercado.
Llegará un día en que el aumento del valor de las acciones por causa de un despido masivo sea visto como algo anacrónico y aberrante. Pero el capital y el trabajo no pueden depender el uno del otro, a menos, y hasta que, la economía se base en satisfacer las necesidades reales, el consumidor sea un factor real en nuestro pensar y en nuestras discusiones, los ingresos financieros sean secundarios a los beneficios económicos reales, y no, como ahora, incompatibles; y se dejen de lado las actuales y endémicas técnicas de endeudamiento y usura.
La cultura del trabajo
Estas son grandes tareas, aunque sólo un aspecto del problema - el aspecto económico. Un problema paralelo es nuestra cultura económica, que sugiere que la identidad humana depende de tener un trabajo. Esta actitud tiene un efecto negativo doble. En primer lugar, se centra en un tipo de trabajo de carácter industrial o semi-industrial, fabricando cosas físicas o permitiendo su producción, es decir, la fabricación, distribución o el comercio de bienes en general. El espectro de la actividad humana es mucho mas amplio que esto. En segundo lugar, el aspecto productivo (físico) de la vida eco- nómica está reduciéndose en relación con la vida económica en su conjunto. No es más que una forma de creación de valor. Hay una gran necesidad de reorientar nuestro sentido de identidad, por lo tanto. Enfermería, enseñanza, atención social, arte, son campos de la actividad humana con valor económico. Estas actividades deberían aumentar su estatus, estar mejor remuneradas y contar con más profesionales.
“¡Sería muy caro!” se quejan algunos. Costaría más en principio, por supuesto, pero ese incremento directo se vería compensado con creces por una reducción en los gastos indirectos por medio del bienestar y similares. Además, la calidad de vida mejoraría, los pacientes sanarían antes, los niños estarían mejor educados, la vida cultural florecería, los gastos de desempleo se reducirían. La omisión de todas estas cosas es lo que falsea los costes reales de nuestro modelo actual. No es verdad que aumentaran los gastos generales si reorientáramos nuestra comprensión del desempleo. La diferencia sería que aparecerían en la columna derecha de nuestros libros contables. El cambio real debe ser una de las prioridades. Poner a las personas por delante de los beneficios abstractos, por ejemplo; poner la riqueza compartida por delante de las divisiones de la riqueza. No hay nada más oneroso que continuar como estamos.
A fin de cuentas nuestros problemas reflejan el actual estado de nuestra conciencia - una conciencia que se ha tornado demasiado material. Y del mismo modo que nuestra conciencia se está estancando, el orden social se está quedando paralizado, bloqueado. Pero cuando las cosas se bloquean, algo tiene que ceder. La humanidad está, de hecho, en un proceso de despertar, pese a su estado crítico. Mientras el desempleo se vea acompañado por una lista interminable de tareas a hacer, u omitidas, que es el caso actual, podemos estar seguros de que el desempleo no es el verdadero problema con el que nos enfrentamos, El problema real es el modo corno concebirnos y estructuramos el trabajo hoy día. Tenernos que transformar primero esta visión si queremos desenmascarar el verdadero significado del desempleo en nuestros tiempos y luego pasar a cambiarlo.
Fuente:
New Economy Newsletter Set./Oct. 96
Equipo
Editor: Rosa Letelier/Elena Villalba, C/ Juan de Mena, 12-6° ID 28014 Madrid.
Tel/fax:
(34)91 528.09.88
Email: rosaletelier@retemail.es
Traducido
por Jaime Acevedo
New
Economy
De la
Traducción: Equipo editor.
En
inglés: http://www.associative-economics.com
Email: info@associative-economics.com